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Η Κίνα υποστηρίζει το σχέδιο ειρήνης του Trump για την Ουκρανία

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Donald Trump pierde la paciencia, a Bruselas le escandaliza el enjuague ruso-estadounidense y China intuye una “ventana abriéndose para la paz” en Ucrania. Lo ha dicho Wang Yi, líder de la diplomacia china, en una cumbre de los ministros de exteriores del G20 en Sudáfrica que está subrayando la brecha entre las grandes potencias.

Sus palabras respaldan sin matices la hoja de ruta presentada por Donald Trump. “China apoya todos los esfuerzos que conducen a la paz en Ucrania, incluyendo el reciente acuerdo al que llegaron Estados Unidos y Rusia”, ha revelado Wang a sus colegas internacionales. “China está deseando jugar un rol constructivo en la resolución de la crisis”, ha añadido.

A los asistentes no se les ha escapado que Wang ha omitido esta vez la petición de que todos los actores se sienten en la mesa de negociaciones que pronunció en Munich. A esa mesa faltan por ahora Bruselas, Kiev y Pekín. Trump dijo al inicio de su mandato que contaba con China para resolver el conflicto ucraniano pero no se ha acordado de ella y a esta, a diferencia de los otros ausentes, no parece quitarle el sueño.

Expolio a Ucrania

Es probable que China piense que ya ha hecho suficiente sin recibir más que reprimendas de Occidente y ahora le toca a otros. Pronosticar que sería difícil vencer a una potencia nuclear como Rusia no exigía una desbordante clarividencia; que el cuadro se le complicaría a Kiev con Trump, tampoco.

A los planes de paz de China y Brasil no les faltaban los defectos pero tapoco las virtudes, como un alto el fuego inmediato, pero Bruselas y Washington los aventaron con desprecio por filorusos. Vistos con la perspectiva del tiempo, no son peores que el expolio que plantea Trump ahora a Zelenski: el 50 % de las tierras raras ucranianas en pago de la ayuda militar pasada y sin compromiso por la futura.

Algunas voces ya piden a Pekín que intervenga ahora para oponerse, o al menos rebajar, el plan ruso-estadounidense. Ocurre que a China le supondría enfrentarse a Rusia, su mayor aliado geoestratégico, y a Estados Unidos, su principal socio comercial. No parece que vaya a pagar ese precio.

Situación geopolítica relajada

Está China ocupada en su sudoku económico. Xi Jinping recibió esta semana a los magnates tecnológicos, un sector al que había estrangulado con regulaciones en los últimos años, para que piloten ahora el barco.

Mientras Trump esté entretenido en otros asuntos no llamará su atención. Incluso a sus aranceles del 10 % sobre todas las importaciones chinas respondió Pekín con la sordina y la sutileza necesarias para no irritarle. Este ha correspondido bajando los decibelios electorales y aireando la posibilidad de cerrar un pacto para evitar la anunciadísima guerra comercial.

China disfruta por ahora de una posición geopolítica relajada. A su momentánea sintonía con Trump añade la vieja con Rusia. Su ministro de Exteriores, Sergey Lavrov, se reunió con Wang para felicitarse por la cooperación y concluir que urge solventar “las causas” que condujeron a la guerra, una probable referencia a la OTAN. El comunicado ruso le otorgó la aportación a Wang y el chino se lo atribuyó a Lavrov, una simple curiosidad porque la inquietud por la expansión de la OTAN en Europa y Asia unen a Pekín y Moscú.

Trump pareció apuntarse a la teoría de las “causas” días atrás. El eje Washington-Kiev, férreo en los recientes tiempos de Biden, se resquebraja sin remedio. Trump ha tildado a Zelenski de dictador por no convocar elecciones en tiempos de guerra y este le ha culpado de sucumbir a la propaganda rusa.

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